El animismo en las culturas africanas: el pueblo bantú
Por Mariana Hernández, miembro del Instituto Sankofa del Tiempo
Qué es el animismo, cómo lo vivían los pueblos bantú —Nzambi, el cosmograma kongo, los antepasados bakulu— y en qué momento histórico el islam y el cristianismo empezaron a desplazarlo, con ejemplos de otros continentes y fuentes verificadas.
¿Qué es exactamente el animismo?
La palabra viene del latín anima, “alma” o “aliento de vida”. La acuñó el antropólogo británico Edward Burnett Tylor en 1871, en su libro Primitive Culture, para nombrar algo que había observado en culturas de todo el mundo: la creencia de que no solo las personas tienen alma, sino también los animales, las plantas, los objetos y hasta fenómenos como el viento o la lluvia. [1][2]
Tylor llegó a proponerla como la “definición mínima de religión”: creer en seres espirituales. Dicho de forma simple, el animismo parte de una sola idea central — el mundo entero está vivo, y todo lo que lo compone tiene un espíritu propio con el que se puede tener una relación. No hay una frontera dura entre lo natural y lo sobrenatural: se tocan todo el tiempo.
Esa idea se traduce, en la práctica, en unos cuantos rasgos que se repiten en casi cualquier cultura animista del planeta:
- Todo puede tener espíritu: no solo personas y animales, también ríos, montañas, árboles, herramientas o fenómenos como el trueno.
- Los muertos no se van del todo: el alma sobrevive al cuerpo y sigue influyendo en la vida de los vivos — de ahí nace la veneración a los antepasados.
- La relación es de reciprocidad, no de dominio: se cuida el equilibrio con la naturaleza y los espíritus mediante ofrendas, rituales y normas de respeto, no controlándolos.
- Hace falta un intermediario: casi siempre existe una persona — chamán, curandero, adivino — capaz de comunicarse con ese mundo invisible en nombre de la comunidad.
Por eso el animismo no es, en sentido estricto, “una religión”: no tiene un fundador, ni un texto sagrado único, ni necesariamente dioses a los que rezar. Es más bien una manera de mirar el mundo — un terreno de fondo del que después crecieron religiones muy distintas entre sí, tanto en África como en Asia y América. [3][4]
Un matiz importante: Tylor pensaba el animismo como el escalón “más primitivo” de una escalera evolutiva que terminaba en el monoteísmo — una jerarquía muy propia del pensamiento colonial del siglo XIX, que colocaba a las culturas no europeas en la base. La antropología actual descarta esa idea de “etapas”. El investigador Graham Harvey propuso, ya en este siglo, hablar de “nuevo animismo”: no se trata de creer en espíritus por error o ignorancia, sino de reconocer que “el mundo está lleno de personas, y solo algunas de ellas son humanas” — una forma de relación y de respeto, no una superstición atrasada. [3]
En una frase: animismo es la idea de que el mundo entero está vivo y tiene alma: los ríos, los árboles, los animales y, sobre todo, los antepasados que murieron pero siguen presentes.
Con esta base clara, veamos cómo se vivió — y se sigue viviendo — el animismo en el continente africano, y en particular entre los pueblos bantú.
Un hilo común en las religiones africanas
Antes de la llegada del cristianismo y el islam, la inmensa mayoría de los pueblos africanos compartía esta misma lógica de fondo, aunque cada cultura la vistiera a su manera: los yoruba de Nigeria hablaban de los orishas, los akán de Ghana de los abosom, los zulú de los amadlozi. Nombres distintos para una idea parecida: el mundo está lleno de fuerzas espirituales, y los antepasados siguen presentes en la vida diaria.
Para entender esta cosmovisión a fondo, en vez de quedarnos en generalidades, conviene meterse en la familia cultural y lingüística más grande del continente: los pueblos bantú.
Quiénes son los bantú
“Bantú” no es una etnia ni un país: es una familia de más de 500 lenguas emparentadas, habladas hoy por unos 350 millones de personas — cerca del 30% de la población de África —, desde Camerún hasta Sudáfrica. [5][6][7]
Se calcula que esta expansión comenzó hace entre 3.000 y 5.000 años en la zona del valle del río Cross, en la actual frontera entre Nigeria y Camerún. Desde ahí, grupos de agricultores y herreros se fueron moviendo — primero por la selva del Congo, después por las sabanas del este y del sur — llevando consigo la agricultura, el trabajo del hierro y, con ellos, su idioma y su forma de entender lo sagrado. [5][6]
Zulú, xhosa, kikuyu, kongo, luba, shona, ganda… son solo algunos de los muchísimos pueblos bantú. No comparten un solo dios ni un solo ritual, pero sí una estructura de pensamiento muy parecida sobre cómo funciona el universo.
La cosmovisión animista bantú
Un Dios creador que se aleja
Casi todas las culturas bantú creen en un Dios único y creador, un “padre del cielo” que existía antes que nada. Recibe distintos nombres según la región — Nzambi o Nzambi Ampungu entre los bakongo, Nyambe entre pueblos del sur, Njambe en Camerún — pero la idea de fondo se repite: un creador supremo que hizo el mundo y después se retiró de él. [8]
Este Dios rara vez recibe altares o sacrificios directos, porque se le considera demasiado lejano y demasiado grande para ocuparse de los asuntos cotidianos. Los antropólogos llaman a esto un “dios ocioso” (deus otiosus): existe, pone las reglas morales del universo, pero deja el día a día en otras manos. [9]
Dos mundos separados por una línea
Para los bakongo, uno de los pueblos bantú mejor documentados, el universo se divide en dos mitades: Nseke, el mundo físico de los vivos, y Mpémba, el mundo espiritual de los muertos y los antepasados. Entre ambos corre una frontera simbólica, la línea Kalunga, representada a veces como un río o como el mar. [9]
Esta idea está dibujada, literalmente, en uno de los símbolos más conocidos de la cultura kongo: el dikenga o cosmograma kongo, una cruz dentro de un círculo. Cada uno de los cuatro puntos representa un “momento del sol” — amanecer, mediodía, atardecer y medianoche — que a la vez simboliza las cuatro etapas de toda vida: nacer, crecer, morir y volver a nacer. El círculo entero recuerda que nada termina de verdad: todo vuelve, de un modo u otro. [10]
Amanecer
Nacimiento. El punto donde empieza el ciclo.
Mediodía
Plenitud y fuerza — el punto más alto de la vida física.
Atardecer
Declive, vejez, el paso hacia el otro lado de la línea Kalunga.
Medianoche
Muerte y mundo espiritual, desde donde, según la creencia, se vuelve a nacer.
Los antepasados que nunca se van
Si el Dios creador está lejos, los antepasados — llamados bakulu entre los bakongo — están cerquísima. Se cree que, al morir, las personas (sobre todo los mayores y quienes vivieron con honor) pasan a un nivel de existencia superior desde el cual pueden bendecir, aconsejar o incluso castigar a sus descendientes vivos. [9]
Por eso mantener contentos a los antepasados — con ofrendas, con altares cuidados, con el respeto a sus reglas — no es un gesto simbólico: es una obligación real, porque de eso depende la suerte de toda la familia. Junto a ellos conviven espíritus más difusos, que habitan ríos, árboles y rocas concretas del territorio. [9][11]
Los que hablan con los espíritus
Entre los vivos y ese mundo invisible hace falta alguien que traduzca. Ese es el papel del nganga (entre los bakongo) o el sangoma (en el sur de África): un adivino, sanador y guardián de la memoria de la comunidad. [12]
No es un oficio que se elige: según la tradición, los antepasados “llaman” a la persona a través de sueños, enfermedades o crisis personales que no tienen otra explicación. Quien recibe ese llamado pasa por un proceso de iniciación — el thwasa, en varias lenguas del sur de África — antes de poder practicar. Sus herramientas incluyen la lectura de huesos adivinatorios, la interpretación de sueños y, en muchos casos, la posesión: dejar que el espíritu del antepasado hable a través de su propio cuerpo. [12][13]
Ubuntu: una ética que nace de la misma idea
De esta misma cosmovisión — donde vivos, muertos y comunidad forman una sola red — nace una idea hoy conocida en todo el mundo: ubuntu. La palabra, de origen zulú y xhosa, viene del proverbio umuntu ngumuntu ngabantu, “una persona es persona a través de otras personas”. Suele traducirse como “soy porque somos”. [14][15]
No es casualidad que esta ética comunitaria naciera en pueblos bantú: si tu bienestar depende de mantener en paz a tus antepasados y a tu comunidad viva, no tiene mucho sentido pensarte como un individuo aislado.
¿Cuándo empezó a cambiar?
Este equilibrio, que había funcionado durante siglos, empezó a resquebrajarse — aunque de forma muy distinta según la región y el momento histórico.
Cronología resumida:
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La conquista árabe del norte de África pone en marcha la expansión comercial del islam hacia el sur del Sáhara. [16]
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El islam llega a los reinos de Ghana, Malí y Gao, y a la costa suajili, casi siempre por comercio y no por conquista. Tombuctú se convierte en centro de estudios islámicos. [16][17]
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El rey del Kongo, Nzinga a Nkuwu, se bautiza como João I tras el contacto con exploradores portugueses. Años después, su hijo Afonso I convierte el catolicismo en religión oficial y duradera del reino. [18][19]
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Periodo colonial: misiones cristianas y gobiernos europeos avanzan de la mano por todo el continente, con escuelas y hospitales como puerta de entrada a la conversión masiva. [21]
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El cristianismo y el islam son mayoría en el África subsahariana; el animismo declarado como religión única es minoritario, pero convive dentro de ambas religiones. [24]
El islam, por las rutas de comercio
El islam llegó primero. Tras la conquista árabe del siglo VII, avanzó hacia el sur no tanto por la fuerza como por el comercio: mercaderes y caravanas que cruzaban el Sáhara lo llevaron a reinos como Ghana, Malí y Gao. Por la costa oriental, comerciantes árabes cruzaron el mar Rojo y se asentaron en la costa suajili, donde el islam se mezcló con las culturas bantú locales hasta dar forma a la propia identidad suajili. [16]
En general, esta primera oleada fue más una conversión de élites comerciales y políticas que una imposición sobre las poblaciones rurales bantú del interior, que en muchas zonas mantuvieron sus prácticas animistas intactas durante siglos más.
El cristianismo y una fecha muy concreta: el Kongo, 1491
Con el cristianismo sí podemos señalar un momento exacto para un pueblo bantú. En 1483, el explorador portugués Diogo Cão llegó a la desembocadura del río Congo y estableció contacto con el reino del Kongo. El 3 de mayo de 1491, el rey Nzinga a Nkuwu se bautizó junto a su corte y tomó el nombre de João I. [18][19]
Su conversión no duró: en 1495 volvió a sus creencias tradicionales, en parte porque la Iglesia exigía monogamia y él necesitaba varias esposas para sostener alianzas políticas. Pero su hijo, coronado como Afonso I, sí convirtió el catolicismo en la religión oficial y duradera del reino. [18][19][20]
Lo interesante es que ese cristianismo kongo nunca borró del todo la cosmovisión anterior: varios historiadores señalan que la cruz cristiana se superpuso, con relativa naturalidad, sobre el propio cosmograma kongo — que también era una cruz dentro de un círculo —, y que el mundo espiritual de siempre (Mpémba) convivió con el cielo y el infierno cristianos durante generaciones. [19]
El gran cambio: el periodo colonial (1870–1960)
El verdadero vuelco llegó mucho después, con la colonización europea. Entre 1870 y 1960 aproximadamente, potencias coloniales y misiones cristianas avanzaron de la mano: los gobiernos coloniales veían en los misioneros aliados para administrar el territorio, y los misioneros encontraron, gracias al orden colonial, escuelas, hospitales y administraciones enteras que se convirtieron en puertas de entrada para la conversión masiva. [21]
Los números reflejan lo drástico del cambio: hacia 1900, se calcula que un 76% de la población del África subsahariana practicaba una religión tradicional africana. Hacia 2010, esa cifra había caído a apenas un 13%, mientras la población cristiana se multiplicó por 70 y la musulmana por 20 en el mismo periodo. [22][23]
Datos más recientes, de 2020, sitúan a los cristianos en torno al 62% de la población subsahariana y a los musulmanes cerca de un tercio, dejando a quienes se identifican formalmente solo con una religión tradicional en una minoría muy pequeña. [24]
¿Desapareció entonces el animismo bantú?
No del todo — y aquí está uno de los datos más interesantes de toda esta historia. El propio Pew Research Center señala que, en la práctica, es difícil separar de forma limpia a “cristianos”, “musulmanes” y “seguidores de religiones tradicionales”, porque millones de africanos que se identifican como cristianos o musulmanes siguen consultando a un nganga o un sangoma, honrando a sus antepasados o creyendo en el mundo espiritual de siempre. Las creencias animistas no compitieron con el cristianismo y el islam tanto como se mezclaron con ellos. [22][24]
Ese mismo mestizaje viajó, de forma trágica, a través del comercio de personas esclavizadas hacia América. En Brasil, personas esclavizadas de origen kongo y mbundu llevaron su religión bantú, que se fusionó con el catolicismo impuesto y con tradiciones yoruba para dar lugar al candomblé — en concreto, a su rama Candomblé Bantú o de Angola, donde Nzambi sigue siendo el dios supremo — y, más tarde, a la umbanda. El animismo bantú no murió: cambió de nombre, cambió de continente, y sigue vivo. [25][26][27]
Antes de que Europa se atreviera a ponerle un nombre —en 1871— esta forma de entender el mundo ya existía, viva y practicada, en las cosmovisiones bantú y en el resto de África.
El animismo más allá de África
Tylor no se equivocaba al pensar que esto no era exclusivo de ningún continente: con nombres y símbolos distintos, la misma idea de fondo —el mundo está vivo y tiene alma— aparece en prácticamente todos los continentes.
Asia
Japón — los kami del sintoísmo. El sintoísmo tiene sus raíces en un animismo antiguo — a veces llamado koshintō — centrado en los kami: espíritus que habitan montañas, cascadas, árboles antiguos y hasta objetos cotidianos. A diferencia del animismo bantú, el sintoísmo terminó organizándose en templos y rituales oficiales, pero la idea de fondo — que el mundo entero está habitado — es la misma. [28][29][30]
Siberia — el chamán y los dueños del bosque. Entre pueblos indígenas de Siberia como los evenkis, los yakutos (sajás) o los buriatos, el chamanismo se apoya en una base profundamente animista: se cree que ríos, montañas, bosques y animales tienen su propio “espíritu dueño”, y que el chamán es quien entra en trance — con tambor, cantos y danza — para negociar con ellos en nombre de la comunidad. [31]
Europa
El Báltico — el último rincón pagano del continente. Puede sorprender, pero Europa tuvo su propio animismo tardío. Lituania fue el último Estado del continente en adoptar oficialmente el cristianismo, en 1387 — y en regiones como Samogitia la conversión real no se completó hasta principios del siglo XV. Antes de eso, los pueblos bálticos veneraban a Perkūnas, dios del trueno, y creían que bosques enteros, robles centenarios y manantiales albergaban espíritus que merecían respeto y ofrendas. Hoy existe incluso un movimiento que busca revivir esa fe, llamado Romuva. [32][33]
Los sámi — los últimos animistas indígenas de Europa. En el extremo norte del continente, el pueblo sámi (repartido entre Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia) mantuvo hasta hace relativamente poco un sistema animista propio: cualquier roca de forma inusual, río o montaña podía ser un sieidi, un lugar sagrado con espíritu propio al que se llevaban ofrendas. El noaidi, su chamán, usaba un tambor ritual para comunicarse con saivo, el mundo subterráneo de los espíritus — una tradición que las misiones cristianas persiguieron duramente, llegando a quemar los tambores rituales. [34][35]
Oceanía
Australia — el Tiempo del Sueño. Para los pueblos aborígenes australianos, el mundo fue moldeado por Antepasados Espirituales durante el Tiempo del Sueño (Dreaming), que no es solo un pasado remoto sino un estado que sigue existiendo en paralelo al presente. Esos antepasados no desaparecieron: quedaron en la propia tierra, convertidos en rocas, árboles y pozos de agua sagrados. De ahí nace también el totemismo — cada persona y cada grupo está espiritualmente emparentado con un animal o elemento natural concreto, que define su identidad y sus responsabilidades hacia la tierra. [36][37]
Melanesia y Polinesia — el mana. A finales del siglo XIX, el misionero y antropólogo R. H. Codrington documentó entre los pueblos melanesios la idea de mana: una fuerza espiritual invisible que puede habitar en una persona, un objeto, una piedra o un animal, y que explica por qué ciertas cosas tienen un poder fuera de lo común. La misma idea, con variaciones, aparece entre maoríes, hawaianos, samoanos y fiyianos — otra forma más de decir que el mundo entero está cargado de fuerza espiritual. [38]
América
Antes de la llegada europea, la mayoría de los pueblos originarios de América — desde el Ártico hasta la Amazonía — compartían visiones profundamente animistas: no situaban al ser humano en la cima de una jerarquía, sino como una hebra más de una red que incluye animales, plantas y accidentes geográficos, cada uno con su propio espíritu. Como en África, esta cosmovisión no desapareció con la llegada del cristianismo: en muchas comunidades indígenas sigue viva, mezclada o en paralelo con las religiones traídas de Europa. [39]
Mesoamérica — el nahual, el animal que llevas dentro. Entre los pueblos mesoamericanos — de los mexicas a distintos grupos mayas — existía, y en comunidades indígenas actuales sigue existiendo, la creencia en el nahual o tonal: la idea de que cada persona nace con un animal compañero con el que comparte destino y fuerza vital. Un nahual — a menudo un sanador o especialista ritual — podía además transformarse en ese animal para actuar en el mundo espiritual. [40][41]
Los Andes — la Pachamama y los apus. En la cordillera de los Andes, pueblos quechuas y aymaras conciben la tierra entera como un ser vivo y consciente: la Pachamama (“Madre Tierra”), a quien se le hacen ofrendas — hojas de coca, chicha, comida — antes de sembrar, construir o celebrar. Las montañas más altas son los apus, espíritus protectores con nombre propio a los que todavía hoy se pide permiso y protección. Esta cosmovisión no se extinguió con la colonización española: convive, hasta la fecha, con el catolicismo de la región. [42]
Para cerrar
El animismo no fue una etapa “primitiva” que las culturas superaron al conocer religiones “más avanzadas” — esa idea, muy común en el siglo XIX, decía más de los prejuicios de quienes la sostenían que de las culturas que describía. Era, y donde sobrevive sigue siendo, un sistema de pensamiento coherente: el mundo está vivo, los muertos siguen presentes, y la comunidad —visible e invisible— es lo que le da sentido a la vida de cada persona.
Los pueblos bantú no dejaron de creer eso de la noche a la mañana. Lo llevaron con ellos a la iglesia, a la mezquita, y hasta al otro lado del océano.
Fuentes
- Britannica — Animism
- Internet Encyclopedia of Philosophy — Animism (E. B. Tylor)
- Australian Humanities Review — Graham Harvey, “Animism: Respecting the Living World”
- Anthropology Review — Animism — The Belief that all Things have a Spirit
- World History Encyclopedia — Bantu Migration
- NIH / PMC — The genetic legacy of the expansion of Bantu-speaking peoples in Africa
- Britannica — Bantu peoples
- Wikipedia — Nzambi Ampungu
- Wikipedia — Bantu religion
- Wikipedia — Kongo cosmogram
- Brewminate — A History of the Traditional Beliefs and Practices of Africa’s Bantu People
- Wikipedia — Nganga
- ScienceDirect — South African Indigenous Healing: How It Works
- Wikipedia — Ubuntu philosophy
- TheCollector — “I Am Because We Are”: Introducing Ubuntu Philosophy
- World History Encyclopedia — The Spread of Islam in Ancient Africa
- Stanford FSI / SPICE — The Spread of Islam in West Africa
- TheCollector — Just How Christian Was the Kingdom of Kongo?
- Wikipedia — João I of Kongo
- EBSCO Research Starters — Christianity Is Established in the Kingdom of Kongo
- Exploring Africa (Michigan State University) — Module Fourteen, Activity Four
- Pew Research Center — Traditional African Religious Beliefs and Practices (2010)
- Pew Research Center — Tolerance and Tension: Executive Summary (2010)
- Pew Research Center — How religious groups’ sizes changed in sub-Saharan Africa, 2010–2020
- Wikipedia — Candomblé Bantu
- Wikipedia — Umbanda
- Springer — International Journal of Latin American Religions — Surviving in the Land of the Dead: Bantu Religion in the Brazilian Diaspora
- Britannica — Japan — Shinto, Buddhism, Animism
- Aeon — Shinto shows the debt to animism of organised religions today
- Wikipedia — Ko-Shintō
- Folklore: Electronic Journal of Folklore — Nature Worship in Siberian Shamanism
- Lituanus — The Conversion of Lithuania, 1387
- Brewminate — Lithuania: The Last Pagan State in Medieval Europe
- Wikipedia — Sámi shamanism
- Wikipedia — Sieidi
- Britannica — The Dreaming (Australian Aboriginal mythology)
- EBSCO Research Starters — Dreamtime
- Britannica — Mana (Polynesian and Melanesian religion)
- Britannica — Native American religions — Syncretism, Animism, Rituals
- Wikipedia — Nagual
- Wikipedia — Tonal (mythology)
- Wikipedia — Pachamama
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